Carta sobre mis amigos independentistas
Hoy es un día extraño. A lo largo de toda mi vida, los amigos han sido algo muy importante para mí. Tenía 6 años y recuerdo como si fuera ayer el día que llegue a casa y corrí a decirle a mi madre que ya tenía mi primer amigo. En el colegio, estaba jugando yo solo, arrastrando un coche, se me acercó, se quedó a mi lado mirando y le pregunté ¿ quieres ser mi amigo? Respondió que sí y así hice mi primer amigo, Rafael.
Lógicamente he tenido amigos más cercanos y otros más lejanos pero siempre ha habido algo común entre nosotros. Compartíamos las alegrías y las tristezas. Pero hoy no es así y por eso digo que es un día extraño. Mis amigos que estaban a favor del proceso independentista están alegres y felices y yo estoy profundamente triste. Pero mi tristeza no es solo porque crea que estamos viviendo uno de los momentos más tristes de la historia de Cataluña, mi tierra, desde que mis padres me trajeron aquí con 6 años y donde hice mi primer amigo. La tierra que me vio crecer, que me educo en sus costumbres, la que me dio trabajo, aquella en la que conocí a la persona con la que decidí compartir mi vida y la tierra en la que nacieron mis cuatro hijos y la tierra de donde son la mayor parte de mis amigos. Mi tristeza, que también, no es únicamente por eso. Estoy triste porque creo que todos esos amigos míos son responsables del descalabro que no espera. Amigos que la inmensa mayoría de ellos nunca fueron independentistas, ni siquiera catalanistas. Se convirtieron por sentir un profundo desprecio hacia el Partido Popular y concretamente hacia su presidente Mariano Rajoy. Pensaron que era una forma, la única, de acabar con la supuesta afrenta de este partido a nuestra tierra. Esto lo digo porque lo sé, después de haber hablado mucho con muchos de ellos. Podéis comprobarlo, empezar a dialogar sobre el proceso secesionista con cualquiera de ellos y veréis que pronto aparece Mariano Rajoy en la conversación. La noche en que el PP ganó por última vez las elecciones generales, a pesar de todos los casos de corrupción que pesaban sobre el, aquella noche, vi los primeros tuits de “adiós España”. Aquel mapa de toda España de color azul excepto Cataluña, País Vasco y Andalucía, fue muy difícil de digerir para muchos de mis amigos que en aquel momento ni se les pasaba por la cabeza que un día apoyarían un proceso de independencia. Pero llego el Sr. Mas con su delirio. Vio en el fenómeno independentista la ocasión para tapar los problemas financieros del Govern. La culpa de todo la tiene Madrid. Supo jugar con los sentimientos de mis amigos, despertó en ellos una ilusión que nunca habían tenido. Conjugó el victimismo con la ilusión. Y lo hizo muy bien, el y los que recogieron su testigo. Paralelamente el gobierno del PP no entendió nunca el problema que se estaba generando en mi tierra y lo que es peor, no entendió que por perder la batalla de la comunicación se convirtió en el principal responsable de que cada vez más amigos míos se inclinasen por las opciones independentistas. Pero comprendiendo y respetando, faltaría más, la nueva postura de mis amigos no consigo entender que se hayan dejado engañar por aquellos que les han manejado con descaro, se han dejado manipular hasta extremos insospechados por personas a las que llenándoseles la boca de democracia han actuado como sólo hemos visto en regímenes bananeros y nada democráticos. Mis amigos independentistas son personas responsables, buenos profesionales, la mayoría de ellos padres y madres de familia, comprometidos con los derechos sociales, con el medio ambiente, ... etc , personas corrientes. Tan corrientes que estoy seguro de que para muchos de ellos la euforia de hoy, mañana será contenida. Muchos, porque los conozco, sé que pronto empezarán a plantearse si está era la forma de hacer las cosas. Y muchos, porque son mis amigos y los conozco, en poco tiempo se harán la terrible pregunta: yo he formado parte de este desastre simplemente porque odiaba a Rajoy? Y si son sinceros, que lo serán porque son amigos míos, se asustarán con la respuesta.
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